El caso es que este artista realiza esculturas en base a una teoría que me resulta muy interesante y llamativa: el serendipitismo. O lo que es lo mismo, el cambio, la evolución, el apostar, la búsqueda de situaciones mejores. Detestar lo estático a favor del movimiento y la fluidez. Esta palabra, como modelo de vida: este modelo de vida, aplicado en el arte. En SU arte.
Es por ello que una de sus piezas preside mi habitación, en un punto concreto, entre mi escritorio y mi estudio de pintura, a modo de recordatorio: uno jamás debe quedarse quieto, ni siquiera en su propio estudio... Mejor no acomodarse, aunque la propuesta sea tentadora.
Y su arte me recuerda a esto: piezas no estáticas, no convencionales, que pueden modificar de forma, de tamaño y de concepto durante los años de convivencia con su propietario. El arte tampoco es estático, y por tanto, evoluciona con la persona que lo aprecia.
Es por ello que el punto de vista determina la visión de la obra por completo. Y es gracias a la posibilidad de modificar el lugar que ocupan sus piezas para encontrar emplazamientos mejores que se aplica la corriente serendipitista. Porque la propia pieza exige cambios, porque la propia escultura pide ser mejorada y pensada. Porque como dice el autor, solamente estando cerca de la bahía fue cuando se dió cuenta de que el agua estaba fría.
"Lo que yo quiero es trasmitir alegría con el arte; tú te diviertes un poco y yo me llevo mi parte"
Javier Bilbao.
Pol Peiró, 13/09/2013
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