Se pinta como se vive. Si la vida te da una ostia, dos cuadros. Que te da dos? cuatro. Las cosas van así. MIS cosas van así. Por lo tanto, si pinto, mala señal? Tal vez... o no tan mala. Hay que saber a quién acostar, a quién regalar y a quién olvidar. Y por lo general, las ostias acuden con la regularidad de la experiencia bien ensayada, de modo que uno suele estar productivo prácticamente los 365 días del año. Es entonces cuando sucede algo hermoso y peligroso... la vocación traducida en obsesión que se desvorda creativamente, sin control, sin ninguna premisa. Y no se encuentra más que vicio y soledad, aún con resultados verdaderamente interesantes. Pero, como decía "el músico furtivo", ¿qué habré recibido a cambio de ser un solitario del carajo? ¿Un buen trabajo, facilidad musical, violencia intelectual, fama, respeto? No esta mal.. Pero la herida es mortal. Y la herida se trata de olvidar. Aunque no creo que exista el olvido (ni que deba existir), uno le coje un cierto gusto a esta palabra. Tanto que le terminé por dedicar una serie de piezas que hablan del olvido en si, de mi olvido, del olvido de alguien. ¿Cómo olvidar a alguien? Se dice que con 19 días y 500 noches.
La serie que realizé consiste (in)simplemente en la representación de un mapa emocional, pictórico, interior... como si pudiera desgararme la piel e ir al fondo de la emoción y su punto de dolor. Una serie con complejo de radiografía, dotada de una línea blanca a modo de metáfora de la estabilidad anímica, con sus ritmos, sus subidas, y sus bajadas. Son, claro está, las Crónicas de un Olvido.
Y finalmente el vínculo se rompe. La línea blanca se interrumpe en una pieza de mayor tamaño que augmenta sus dimensiones a modo de culminación, para iniciar la segunda parte de la serie, también de más tamaño, sin ningún vínculo ya existente con la persona olvidada, dando paso a la etapa más peligrosa, la que se sitúa fuera del margen, de lo moral y de lo permitido. "Con un comportamiento inexplicable, me interné en el laberinto de la sombra".
Sufrí, pero aquellas maratones sin dejar de escupir creaciones fueron buena pesca, y tal vez así el dolor desaparezca.
Pol Peiró, 04/10/2013