jueves, 19 de septiembre de 2013

Verónicas

A menudo conversaciones recientes abren antiguas brechas del pasado (sin ánimo de doler). Esto mismo me ha ocurrido a mi los últimos días, revisando archivos y dibujos antiguos (en realidad relativamente antiguos) y dándome cuenta de que algunas cosas no estaban tan mal.
Hace un par de años recibí inesperadamente una caja de 500 folios en blanco de textura satinada que me sirvieron, de manera casual (serendipitismo?) para realizar una serie de tintas con un proceso de creación particular, dándole rienda suelta al azar para después intervenir en él si es necesario o dejarlo intacto. A menudo, las cosas accidentales o casuales suelen dar soluciones estéticas extremadamente hermosas, y uno debe aprender a potenciar esa ventaja del azar. Jackson Pollock aseguraba que nadie puede reprochárle que sus cuadros sean reacciones gratuitas, pues había insistido tanto en aquél modo de trabajar que podía considerar que era capaz de dominar el azar o la casualidad. Una cosa parecida buscaba yo, y el resultado fue este:


Mi manera de trabajo fue disponer una hilera de hojas esparcidas por el suelo a las que iba lanzando un papel arrugado muy concreto empapado de dos tintas especiales también muy concretas. En algunos casos, las manchas resultantes eran preciosas, caprichosas y muy sugerentes. Además ofrecían un resultado muy limpio y de gran calidad estética.



Cuando le conté mi experiencia a mi profesor de pintura, Josep Maria Codina, además de decirme que no había descubierto nada nuevo (a menudo peco de exceso de ingenuidad), me contó que lo que yo estaba haciendo se llamaban "Verónicas", cuyo nombre nos remonta a un pasaje de la Biblia: según la tradición cristiana, Verónica fue la mujer que, durante el Viacrucis, tendió a Cristo un velo para que se enjugara el sudor y la sangre. En la tela quedaron milagrosamente impresas las facciones del Redentor (el Santo Rostro). 
De modo que se conoce con el nombre de Verónica el hecho de impregnar de tinta un papel para que quede impreso en la superfície de otro.

Finalmente, os dejo una canción (para mi es poesía hecha canción) llamada Media Verónica, escrita por Andrés Calamaro. No se me ocurre mejor cierre para este post que escuchar esta letra acompañada de la mejor música.





viernes, 13 de septiembre de 2013

Artistas nacen, artistas se juntan.

Me gusta rodearme de personajes interesantes. También me gusta hablar de ellos. Son, por lo general, verdaderos locos, auténticos amantes de la vida, hombres cargados de sabiduría. Lo que yo particularmente llamo la inmensa minoría. La obra que he decidido colgar y compartir hoy es la de un familiar mio, bilbaíno, Javier Bilbao, reconocido artísticamente como JJCuper.
El caso es que este artista realiza esculturas en base a una teoría que me resulta muy interesante y llamativa: el serendipitismo. O lo que es lo mismo, el cambio, la evolución, el apostar, la búsqueda de situaciones mejores. Detestar lo estático a favor del movimiento y la fluidez. Esta palabra, como modelo de vida: este modelo de vida, aplicado en el arte. En SU arte.


Es por ello que una de sus piezas preside mi habitación, en un punto concreto, entre mi escritorio y mi estudio de pintura, a modo de recordatorio: uno jamás debe quedarse quieto, ni siquiera en su propio estudio... Mejor no acomodarse, aunque la propuesta sea tentadora.
Y su arte me recuerda a esto: piezas no estáticas, no convencionales, que pueden modificar de forma, de tamaño y de concepto durante los años de convivencia con su propietario. El arte tampoco es estático, y por tanto, evoluciona con la persona que lo aprecia.


Es por ello que el punto de vista determina la visión de la obra por completo. Y es gracias a la posibilidad de modificar el lugar que ocupan sus piezas para encontrar emplazamientos mejores que se aplica la corriente serendipitista. Porque la propia pieza exige cambios, porque la propia escultura pide ser mejorada y pensada. Porque como dice el autor, solamente estando cerca de la bahía fue cuando se dió cuenta de que el agua estaba fría.


"Lo que yo quiero es trasmitir alegría con el arte; tú te diviertes un poco y yo me llevo mi parte" 
Javier Bilbao.


Pol Peiró, 13/09/2013

jueves, 12 de septiembre de 2013

Mar Ginal



Volver a ser el animal sin rumbo ni conciencia,
Sin canción de arrabal
De orgullo destilado en tu pan de molde,
sin los con-sentidos que antes tenían significado doble.

Y el juez que te condena derecho y con cadena,
te hace recordar una situación
que sólo fue subnormalisación.

Serendipitismo, no temer lo oscuro de un abismo,
aceptar las ganas contenidas de cambiar las malas situaciones…
¿No te desesperan los gobernantes que se hacen cargo de nuestra  s(u)ciedad?

No temer al tedio,
No aceptar ser loco sin remedio…

No cruces los dedos
al pedir la cuenta de tus sueños,
no serás su novio
por ser el más guapo de un imperio de feos.


Esta es una de mis letras más radicales (no lo digo con orgullo), escrita en un estado de marginalidad importante que recuerdo con relativa nitidez. Era una noche de completas soledades e impotencias que quedaron reducidas a palabras y tachones que posteriormente resultarían ser poema de versos indignos* y en un futuro próximo, canción.

Primer manuscrito de la letra original

Días después de haber sido escrita encontré en mi modesto estudio un trozo de papel sobrante de un dibujo que había hecho aquella misma mañana. Era un pedazo de papel japonés hecho a mano, manchado de tinta negra i con una preciosa mancha traslúcida y marrón en medio que recordava una cabeza.  Compositivamente era un recorte perfecto, así que me puse a trabajar sobre él por una cara del papel y por el otro, escribí mis versos marginales que terminaron de cerrar la pieza, que ahora tenía dos caras... una falsa y la otra peor. Pequeñas joyas de la casualidad o, nunca mejor dicho, del serendipitismo...

El recorte de papel con sus dos caras.


*los llamo versos indignos porque yo no soy poeta: Federico García Lorca era un poeta, Ángel González era un poeta... Yo sólo escribo versos, con más o menos gracia según el dia, pero solamente versos.

Pol Peiró

martes, 10 de septiembre de 2013

Output, Input.

"Interminablemente se vuelve uno decadente"
Andrés Calamaro


Quiero ofrecer al público un pequeño rincón de mi mundo. Quiero mostrar el bohemio tierno de palabra agridulce, el artista metido a poeta de versos indignos, el coleccionista de objetos absurdos y recolector de momentos memorables.
Cada uno tiene su clavo, cada uno tiene su cruz, y cadauno tiene un lado malvado. Un lado miserable que convierte en arte todo lo que roza. Una parte trágica y amarga sólo aceptable si viene acompañada de alegría, nobleza y vitalidad. Vivir en la desesperación solo para vivir desesperadamente. Pero vivir, por encima de todo. Bendítas sean las emociones, benditos sean los que nos hacen reír y llorar tan maravillosamente.
Me pregunto si este blog tiene algún objetivo concreto. Posiblemente no. Porque " a veces sé que voy camino a nada, pero a veces nada importa", y las palabras acuden a la mente a modo de imprevisto, sin fechas ni patrones, bailando al ritmo que exige su propio compás. No creo más que en la palabra y por eso la hablo con respeto. Porque como dijo alguien, las palabras son nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de inflingir daño... y de remediarlo.

Pol Peiró, septiembre de 2013.